Hay ocasiones legendarias, como cuando un director de cine que es además pintor, decide dirigir una biopic de un genio de la pintura. Este director ya se había inspirado anteriormente con la historia de otro artista, Basquiat, el pintor underground de la década de los ochenta.
Por Carola Arriagada / Teórica del arte
Crítica de cine AT
ETERNITY'S GATE
U. de Chile. Stgo, Chile.
Julian Schnabel nos entrega su interpretación de los últimos días de Van
Gogh, con sagacidad a la imagen de genio atormentado que tenemos de Vincent, le
agrega la lucidez del artista que en las profundidades de su ser, se autoreconoce
fuera de época. Así el director consigue envolvernos en la atmósfera estética
de los cuadros del artista, los tomas panorámicas de los campos donde Van Gogh
se adentra buscando inspiración, la cámara en perspectiva personal, consiguen envolvernos
en su ambiente místico, luego las angustias del genio de la pintura,
interpretados magistralmente por Willem Defoe, consiguen empaparnos de la
sensación de desolación y dolor psíquico del artista.

La estética fotográfica de la película va del claro/oscuro a colores
irradiantes, las texturas conseguidas tanto en las pinturas como en las imágenes
es un juego que nos revela que el director conoce de cerca la técnica de la
pintura, la materia plástica, por los relieves y pastas que nos instala aun
más en el mundo de Van Gogh. La
estética de la película parece ir de un cuadro al óleo a otro, el trabajo de la
luz y el desenfoque de la mitad inferior de la cámara para acentuar la mirada
del artista -recurso que ya habíamos visto en el trabajo de Schnabel-, aumenta
el énfasis sensible.
Los personajes secundarios nos
evocan imaginariamente las imágenes de las pinturas, como el representado por Emmanuelle
Seigner, cabe destacar las interpretaciones de Oscar Isaac como Gauguin y Rupert Friend como el hermano Theo.
Hay varios momentos en el
drama que se podrían comentar, donde el carácter de Van Gogh interpretado con
excelencia por Defoe nos envuelve melancólicamente, pero me quedaré con el diálogo
de Vincent y el cura (Mads Mikkelsen)
que lo visita en el manicomio, donde el guión de
Schnabel, Louise Kugelberg y Jean-Claude Carrière, nos lleva a lugares insospechados, como la
comparación de Jesús de Nazaret con el artista, debo
agregar, -con una base real histórica-, creando una conversación delirante de
antología.
Una muerte con otra interpretación, da al final un aporte que lejos de
disolver la imagen del artista, lo humaniza aun más, entregándonos los más
noble sentimientos de un hombre atormentado por su propia mente, abrazando su
destino, la luminiscencia de quien se sabe genio y se rinde ante la eternidad.