jueves, 15 de septiembre de 2016

La emergencia del pop / Irreverencia y calle en Chile

Durante la década de los sesenta se desarrollan un conjunto de cambios y transformaciones en los ámbitos económico, social y cultural a nivel global. Entre ellos, la alianza temporal entre capitalismo liberal y socialismo. La unión de estas ideologías resultó paradójica, pero permitió un nuevo orden geo-político en Europa, del que sin duda destaca la guerra fría, que finaliza el año 1989 con la caída del Muro de Berlín. Estos antecedentes son fundamentales para entender los años posteriores a la segunda guerra mundial. La estabilización de la vida cotidiana, producto de la reconstrucción de la vida psicológica y económica (plan Marshall) de la post-guerra, además de otros factores, posibilitaron que en los años sesenta se originara una clima de distensión en la sociedad, un escape de optimismo, propio de sociedades que se sobreponen a situaciones traumáticas, como lo es la guerra. Sin embargo, comienzan a producirse diferentes acontecimientos sociales en diversas partes del mundo, surgen focos y estallidos revolucionarios.

Por Carola Arriagada / Teórica del arte

En América, la Revolución Cubana da comienzo a la década de los sesenta cumpliendo con el sueño y utopía de muchos, al remover el capitalismo de la isla. Sin duda la Revolución Cubana abrió la brecha para la proliferación de diversos movimientos sociales en Latinoamérica, transformándose en un paradigma de lucha con cualquier atisbo de dominación, estos movimientos estaban comprometidos con el pueblo, buscaban fundar estándares sociopolíticos que se vincularan con los sectores más postergados de la sociedad. En Latinoamérica se comienza a formular una ambición de desarrollo político, social y económico más autónomo, ya que en los cincuenta la mayoría de las economías en América Latina dependían de la exportación de materias primas.



En el ámbito artístico, al inicio de la década de los sesenta el arte popular o pop art se instruye en Inglaterra y EE.UU., este arte elevó y utilizó los objetos más banales de la vida cotidiana para realizar obras, este estilo evocaba la cultura de masas, la prensa sensacionalista, la propaganda y publicidad gráfica, el cine, la fotografía y el diseño. Los artistas se enfrentaron al influjo de imágenes masivas con la penetración constante de la televisión, así sus obras representaron un mundo de “imágenes de las imágenes”. Es importante señalar, que este arte permitió una cercanía con el público, éste después de enfrentarse a la abstracción -la cual exigía deducir un lenguaje complejo y hasta cierto punto elitista-, delante del pop art, las personas interactuarán con objetos cotidianos y familiares, observando un mundo de fácil comprensión.


Entre los años 1964 y 1973 en Chile surgieron una multiplicidad de obras de arte, propias de un periodo de cambios socio-culturales, los artistas buscaron nuevas formas de expresión, desmarcandose la habitualidad de formatos de la academia, indagando nuevas representaciones en campos muy variados, aparecen objetos cotidianos del mundo pop, se experimenta con la materialidad y modos expresivos. Esta expansión práctica se ve reflejada en las obras creativas, que parecen no seguir una definida estética, sino más bien una inagotable tentativa artística. Después del arte pop, surgieron variados formas artísticas, por un lado el realismo seguía existiendo -en este sentido la fotografía se incorpora para interactuar con otras técnicas del arte-, y por otro, un sector artístico comienza a experimentar con producciones como el land art, así, el arte cada vez se intelectualiza más.

Bajo este contexto, esta muestra conlleva inquietudes locales, emergencias diversas, donde las artes visuales se articulan con la literatura y la música, y las obras seriales del grabado son llevadas a veces al limite entre arte y publicidad. Es una exposición de un periodo efervescente en el aspecto local, se refleja un testimonio del escenario político-social, así se mezclan elementos de la cultura cotidiana y popular, y se observa la creatividad artística con potentes discursos ideológicos y políticos.

Se puede destacar la obra de Valentina Cruz, con un alto espíritu crítico, se vela su formación en Nueva York en medio de transformaciones del sistema capitalista, siendo testigo de la productividad industrial, la artista trabaja con materiales manufactureros como el látex, para así expresar sus sensibilidades respecto a las mutaciones del lenguaje corporal, recreando con su obra una clasificación del cuerpo humano.

También en la literatura, tanto en la prosa como en la poesía encontramos el recurso del sarcasmo y la sátira para representar la escena local. Observamos libros como objeto-diseño-artístico. Un prototipo es el libro de poesía de Guillermo Deisler, donde advierte en su inicio “permitida su reproducción”, y en su interior solo contiene una palabra por página: desate, corte, arranque, consuma. La publicidad y criterios de consumo de masas, utilizados en una sátira visual como crítica irreverente al sistema imperante. 

También encontramos en esta muestra, la obra de Matta, el cual hace frente a esta nueva realidad epocal, manifestando su reflexión en los grabados con escenas compuestas en viñetas, con las figuración propia del artista describe sarcásticamente la situación política ideológica, con diálogos que advierten “hay que tener una madre revolución y un padre rebelión”, la ironía propia del artista en imágenes y diálogos como “tiene capitalitis infecciosa” o en la máxima “Ven seremos”.

La obra de Cecilia Vicuña llamada “Biombo: casita para pensar que situación real me conviene”, es un objeto cotidiano llevado al contexto artístico, pintado completamente con escenas cotidianas. El biombo es la reflexión de la artista que se pregunta ¿debo abandonar mi vida cotidiana?, así comienza el manifiesto respecto a esta obra. Continúa reflexionando, ¿debo hacerme vagabundo, guerrillero, funcionario de gobierno, cantante de rock, bonzo, yippie?. “Ponga usted su cara en cada espejo y medite sobre su aspecto en ésta situación o en aquella. Cuando usted reconozca que su felicidad aumenta, convierta sus dudas en realidad, abandone su casa y hágase actor de sus sueños”.


El carácter reflexivo de la obra de arte parece haber llegado a su punto más álgido, los artistas de la muestra se desmarcan de las estéticas convencionales, llevando los limites del arte a un territorio más difuso, creando nuevas preguntas y cuestionamientos.

Artistas: Francisco Brugnoli, Gregorio Berchenko, Valentina Cruz, Guillermo Deisler, Virginia Errázuriz, Carlos Flores del Pino, Patricia Israel, Roberto Matta, Guillermo Núñez, Alberto Pérez, Hugo Rivera-Scott y Cecilia Vicuña. Autores: Ariel Dorfmann y Armand Mattelart, Enrique Lihn, Juan Luis Martínez, Fernán Meza  María Inés Solimano (editora).

https://www.arteallimite.com/2016/08/la-emergencia-del-pop-irreverencia-y-calle-en-chile/


viernes, 24 de junio de 2016

Mestizo / Identidad, resistencia y prácticas manuales

Mestizo es un proyecto colectivo que articula asuntos de identidad, artesanía y cultura. El curador de la muestra Cristián Velasco, aborda la problemática tomando la cavilación de Freud sobre la cultura, al señalar –en el año 1930– que la globalización traería consigo ciertos efectos, que sin duda producirían un gran malestar y las consecuencias más importantes podrían ser precisamente la “crisis de identidad” y los “procesos de segregación”.

A partir de esta reflexión situada en el siglo XX, el curador formula preguntas contingentes sobre el arte y la cultura en el contexto local del siglo XXI. Al enunciar las preguntas ¿Qué clase de objeto perdido es el objeto de identidad? y ¿Cuáles son los aspectos que nos identifican y son capaces de construir una presencia única como cultura, como país? Nos permite abrir el diálogo acerca de la identidad frente a la globalización, así exploramos una mixtura sociocultural, que en el aspecto formal conlleva un oficio de factura artesanal.
Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.
Esta muestra nos formula una gran pregunta, con dos aspectos fundamentales en el arte; por un lado lo discursivo detrás de la obra y, por otro, la labor como medio de expresión, en este caso la “materialidad” que posee una concepción que nos habla por sí misma; además de la realización de la obra como proceso artesanal. Siendo la pregunta que suscita, sobre nuestra identidad.
Nos enfrentamos a diferentes discursos tanto locales como globales, esto sería de alguna manera un claro reflejo de la globalización en la que nos encontramos sumergidos pero de una forma sociológica, se devela un aspecto reconocido ampliamente como latinoamericano y por lo tanto también local, que es el trabajo artesanal, el manejo de materiales desde lo precario y la manualidad primordial para crear obra de arte. Si bien se incorporan elementos de la modernidad (por ejemplo, la artista Cecilia Vicuña utiliza el medio audiovisual), el trabajo artístico está conformado por el oficio y labor artesanal.

Magdalena Atria
Elisa Aguirre trabaja con materiales como madera, cartón, cuero, caucho y otros, generando un “diálogo entre la materialidad y los procedimientos”. Observamos sus obras representadas en el formato clásico “cuadro” experimentando la tridimensionalidad con los volúmenes. Magdalena Atria presenta Sólidos platónicos, una obra que se compone de cinco volúmenes de mimbre con plinto de madera; son figuras geométricas perfectas –definidas así por Platón–, con las cuales nos lleva a la reflexión sobre polígonos perfectos realizados en material orgánico perecedero. Victor Hugo Bravo –utilizando la madera, plásticos y objetos encontrados, ensamblados con cinta de embalaje y tornillos, pintados a mano de color negro–, presenta una obra generada después de una pasantía en Medellín, con elementos que se constituyen como una armaduría del artificio, cuya precariedad alcanza el espesor de algo real. La denuncia se hace evidente, frente a la violencia que se observa y se quiere simular en esta obra que logra crear una verosimilitud visual a través el oficio artístico. Por otro lado, pero manteniendo la madera como punto de encuentro entre estos artistas, Matías Camus recolecta fragmentos de las esquirlas de la memoria que los bosques han diseminado; así crea Naturaleza ancestral de esculturas en madera, aquí observamos el trabajo entramado que enriquece el material y nos evoca patentemente la naturaleza de su procedencia. También Martín Kaulen trabaja, a través de diferentes cortes, composiciones de figuras geométricas como cuadrados, círculos y semicírculos, generando obras que conciben una bi y tridimensionalidad que denomina Arbórea. Todo esto como hallazgo del quehacer y juego de indagar combinaciones que proyecten el pensamiento geométrico-abstracto. Una forma tamizada y pulcra de trabajar el material.


Matías Camus
En tejidos, la artista Catalina Bauer trabaja con algodón, en un minucioso destorcer de los hilos para así tejerlos nuevamente, de otra manera, dándoles un sentido nuevo. En este placer del deshacer y el hacer, observamos la necesita de tomar el material como elemento voluble, que permite resignificar nuevas formas a través de su transformación manual. Por otro lado, Víctor Espinoza, borda con lana y algodón sobre tela, realizando cruces entre el dibujo, la pintura, el grabado y la gráfica. Probablemente, sea una de las obras de la muestra que más ejemplifica el oficio artesanal, al construir una obra empalmando los materiales con diversos punteos con lana.Paula Subercaseaux muestra su obra Leve, realizada en crin de caballo, los cuales poseen el simbolismo de guardar –en cada punto– el tiempo, formando un interior de vientres huecos, una materialidad que vive de nuevo en estas formas realizadas artesanalmente. El Colectivo Ofrenda Al Agua, por otra parte, presenta un bordado sobre tela, realizado el año 2001, cuando Patricia Cepeda inicia el oficio artesanal de bordar, e invita a Verónica Moreno, Carola González, Soledad Cristi y Judith Mollohuanca, entre otras bordadoras; con su trabajo la tela adquiere carácter relacional y valor patrimonial, sobre todo al ser llevada a distintos países de Latinoamérica y siendo intervenida por diferentes artistas. Aquí se evidencia la relación de un oficio artesanal tan arraigado en nuestra cultura como el bordado, vinculado generalmente a la labor femenina dentro de las manualidades artesanales.




Víctor Espinoza
El papel como materialidad, es abordado por Pamela Cavieres, quien expone Origamis pegados al muro obra que, a través de la manipulación de pliegues de papeles impresos con fotografías, proyecta un imaginario de fragmentos, reflexionando así sobre la identidad nacional. La artista expone un tema actual, la recurrente inmigración a la que ha sido expuesto nuestro país en el último tiempo. Y también por Andrés Iturri, quien trabaja con papel maché, creando una serie de objetos hechos a partir de hallazgos arqueológicos, simulando piezas de exhibición, creando figuras de orfebrería falsas, utilerías que pasarían como verdaderas en un contexto museológico. El ojo del espectador es engañado, no solo por el buen manejo del artista con el material, si no por el contexto de exposición, que evoca las piezas propias del museo, así se crea un simulacro de obras que cuestionan la verosimilitud del objeto museológico.



Pamela Cavieres


La artista visual Rosario Perriello crea un Banquete monocromo, conformado por objetos construidos con greda cruda, cuya génesis comienza con una noticia del año 2009: en Haití para paliar la hambruna, un grupo de pobladores comenzó a realizar una mezcla de aceite vegetal, agua, sal y barro para producir galletas comestibles, motivación principal para que la artista emprenda una investigación entre lo no comestible y lo comestible. La obra denuncia una descarnada realidad a través de una alegoría exuberante. En la misma línea matérica, Catalina Ramírez exhibe Redondo, obra que está realizada en cerámica, bambú e hilo de algodón, con partes realizadas en arcilla y rescatadas de la comuna de Nacimiento y quemadas con leña proveniente de un sector cordillerano, también de la región del Bío-Bío. Nuevamente el oficio manual se conjuga con los elementos de exposición, entregando al espectador el artificio de obras de simulación.
Rosario Perriello

Finalmente, Cecilia Vicuña presenta un video llamado El quipu menstrual. Obra que ha sido exhibida en diferentes latitudes del mundo y que denuncia un desastre ecológico, concebida como performance de un vínculo ancestral, donde se articula el paisaje y la labor artística de la autora. La obra bajo un medio audiovisual, revela un hecho que a su vez se potencia por la precariedad del oficio artesanal, creando un énfasis que subyace como condición de nuestra identidad cultural.
Los discursos se potencian con el proceso artesanal, observamos como el lenguaje de la materialidad potencia la representación, génesis e inquietud del proyecto discursivo. De alguna forma se devela que nuestra identidad estaría conformada por este modus operandi de concebir obra de arte, con recursos muchas veces precarios, que crean un sub-texto o sub-lenguaje en la obra. Observamos que las prácticas manuales están al servicio del discurso, separándose de la habitualidad de lo que llamamos artesanía, la que posee un distintivo funcional-estético y no necesariamente discursivo. Aquí se presentan cuestiones de oficio, ejecución, visualidad e intelectualidad, todo dentro de la hermenéutica acerca de nuestra identidad cultural. Las preguntas quedan planteadas en un inicio ¿Qué clase de objeto perdido es el objeto de identidad? y ¿Cuáles son los aspectos que nos identifican y son capaces de construir una presencia única como cultura, como país? de estos planteamientos surgirán nuevas preguntas, y esa es la labor del arte contemporáneo.
La exposición Mestizo despliega diversas cavilaciones, denuncias, materialidades y oficios.

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miércoles, 4 de mayo de 2016

Divina Travesía

Nacido en Santiago, Alfredo Echazarreta es pintor, grabador y escultor, estudió dibujo y pintura en la Escuela de Arte de la Universidad Católica de Santiago. Posteriormente entre 1966 y 1970 realizó sus estudios de Arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso.
En 1970 dejó Chile para viajar por Europa con largas permanencias en París, Londres, Amsterdam y Florencia; entre 1971 y 1972 se estableció en Nueva York, Estados Unidos, donde pintó y participó en exposiciones colectivas. En 1972 volvió a París, lugar donde instaló su primer taller donde permaneció por más de 35 años.
Su experiencia internacional lo ha llevado a realizar exposiciones individuales en Alemania, Francia, Japón y Chile y ha recibido encargos para espacios públicos y privados, entre otros, un mural en Amiens, un mural para el Salón “Cultura Latina” en el Grand Palais de París y la fachada del “Théàtre des Chimères” en Metz. También su talento ha sido reconocido en el extranjero recibiendo el premio que otorga la Fundación Taylor, una institución norteamericana que promueve el arte en todo el mundo.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.

Retomando los viajes en la pintura e inspirados directamente en los devenires de su  vida el artista Alfredo Echazarreta presenta este año en abril quince pinturas en gran formato que tienen como fuente de inspiración  el Dante en su Divina Comedia. “La conjunción de mis viajes en la pintura de la Divina Comedia y de las travesías de Valparaíso, me llevaron a imaginar esta “Divina Travesía”: Serie de pinturas que mantiene la estructura de las tres etapas: el infierno, el purgatorio, para llegar al cielo de la Ciudad imaginada, soñada y siempre esperada, la que tenemos todos en nuestro horizonte. Tres momentos, tres climas, tres colores en este viaje, donde el amor es el motor y fin último de todo viajero”, aclaró.
Alfredo en su regreso a Chile después de casi 40 años en Francia, ha producido un gran cambio en su obra predominando hoy la línea y simplificando el color; creando así una pintura más significativa y narrativa.

El talento de Alfredo Echazarreta lo ha llevado a realizar exposiciones individuales en diversos países como Alemania, Francia y Japón, asimismo ha realizado obras para espacios públicos y privados, como es el mural en Amiens, además el mural para el salón “Cultura Latina” en el Grand Palais de París, y la fachada del Théàtre des Chimères en Metz. Su obra ha sido reconocida en el extranjero, prueba de esto fue el premio otorgado por la fundación Taylor, institución norteamericana que fomenta el arte en todo el mundo.
La exposición Divina Travesía contempla diversas pinturas que tienen como fuente de inspiración el Dante en su Divina Comedia. Es el origen de nuestra cultura, de alguna forma el poema fundador, Dante otorgó las imágenes del cristianismo, imágenes arquetípicas. Pero la inspiración de Alfredo Echazarreta, tiene que ver con algo más personal, con sentirse interpretado por el viaje permanente, advertir su origen –una familia de emigrantes vascos–, observar diferentes etapas de su vida, y finalmente su vuelta a Chile, todo esto corroborando su travesía como permanente viajero.

El artista le dio vida a esta serie de obras pensando en tres etapas: el infierno, el purgatorio y el cielo de la ciudad imaginada. Echazarreta destaca estos tres momentos, que son tres climas, tres colores en este viaje, donde al amor es el motor y fin último de todo viajero.
Esta exposición ya fue exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia durante todo el verano reciente, de diciembre 2015 a marzo 2016. Fue allí donde Cristián Warnken se enfrentó a esta inspiración visual, que lo hizo escribir el texto para el catálogo de la exposición que se realizará en la galería Artespacio.

Son la composición, la mancha, la separación de la línea del color, los fondos planos propios de la modernidad, los que crean una atmósfera única y particular de las obras de esta muestra, se presenta la pintura con su eternidad, como nos señala Echazarreta: la pintura con su técnica es “aquello” que no pasa de moda. Otra característica interesante de mencionar es el texto de los títulos de las obras incorporados en las mismas imágenes, acentuando así la significación simbólica, como nos dice el artista: “le da otra dimensión a la obra, una poética que es dada gran parte por la palabra”.
Cristián Warnken, comenta en el texto de la muestra: “Echazarreta cerró los ojos y, más que ilustrar, soñó La Divina Comedia”. La invitación está abierta para soñar y embarcarse en una Divina Travesía.

jueves, 24 de marzo de 2016

Ojo Rojo | Nuevo Espacio de Arte

Ojo Rojo es un espacio de arte recientemente inaugurado. Se encuentra en el edificio Transoceánica, el proyecto fue gestionado por el artista y abogado Gonzalo Sánchez y el curador y cineasta Manuel Basoalto. La primera exposición, es una muestra colectiva de arte geométrico y cinético, donde es homenajeada la obra de Matilde Pérez.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.

Ojo Rojo no es estrictamente una galería, como nos señala Manuel Basoalto, el leitmotiv del proyecto es ser un agente importante en la difusión del arte como herramienta educativa, además de aportar un espacio expositivo para el arte contemporáneo.
Esta propuesta se encuentra en el edificio institucional de Transoceánica, emplazado en Avenida Santa María de Manquehue, comuna de Vitacura, y dialoga en perfecta armonía con los conceptos de sustentabilidad y eficiencia energética, que definen la génesis del inmueble recientemente galardonado.
El edificio Transoceánica, alberga las empresas de la familia de origen alemán Schiess, es una compañía de inversiones de capitales privados, su interés son inversiones, desarrollos inmobiliarios, hotelería y turismo, es fundamental para ellos hacer un aporte a la comunidad a través de inversiones en los sectores sociales y culturales, un destacado ejemplo es la creación del Teatro del lago, a orillas del Lago Llanquihue en Frutillar, X región, por eso no es de extrañar que en su centro operativo se haya incorporado un espacio para las artes visuales.

La primera muestra tiene como artista central a Matilde Pérez, la precursora en América latina del arte cinético, es una manera de homenajearla, recorriendo la huella que dejó en muchos artistas posteriores, es una muestra colectiva donde congenian varias generaciones dentro de la esfera de los movimientos de arte cinético y geométrico.
Además de Matilde Pérez, se puede apreciar en 100 metros cuadrados, obras de connotados artistas como: Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez y Julio Le Parc, entre otros. Es un paseo por casi cuarenta obras de artistas consagrados de diferentes generaciones, y algunos artistas jóvenes destacados emergentes, por ejemplo se puede apreciar las obras de Juan Carlos Correa y el Mono Lira, un artista premiado en Feria Ch.ACO 2015.
Otro aspecto significativo de esta primera muestra es el libro Conversaciones en el jardín, que en el marco de esta exposición, Manuel Basoalto presentó. Este libro es un importante aporte al conocimiento de la obra de Matilde Pérez, donde se resume los diálogos que sostuvo el autor con la artista, sobre su vida, técnica y pensamiento artístico. Una edición limitada, que ha sido bien recibida y apreciada por el público.

Luego de un ambicioso y óptimo inicio, la exposición por la cual se renovará la muestra, será por la obra del destacado artista chileno, Roberto Matta. Sin duda un estándar alto en el circuito del arte de nuestro país, pero no por eso alejado de todo tipo de público, Manuel Basoalto nos reitera las intenciones de que Ojo Rojo sea un espacio no solo expositivo, sino más bien educativo, contribuir así al desarrollo del pensamiento creativo. Para esto están focalizados en el rol social que este proyecto conlleva, se programa llevar el conocimiento tanto práctico como teórico del arte en forma transversal a la sociedad. Se llevarán a cabo diferentes talleres prácticos, además de conferencias teóricas, todos en forma gratuita, íntegramente para entregar un aporte al conocimiento del arte contemporáneo a nuestra sociedad. Se quiere llegar a diversos sectores de la sociedad; como estudiantes, adultos mayores y personas con discapacidades.

Tanto el artista y abogado Gonzalo Sánchez, como el curador y cineasta Manuel Basoalto, posee una vasta experiencia y expertiz en el arte, Basoalto conoce bien el circuito mundial y la gestión necesaria para realizar proyectos como este. Ojo Rojo comienza a ser parte del espacio de las artes visuales chilena, la muestra colectiva de arte geométrico y cinético, donde es homenajeada la obra de Matilde Pérez estará abierta al público hasta el mes de abril.

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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Museo Violeta Parra: Su legado visual

Una deuda nacional que finalmente se ha concretado. El Museo Violeta Parra alberga el patrimonio musical y visual de la gran folclorista chilena. Su legado como cantautora es indiscutiblemente valorado y reconocido; su obra como artista visual es –probablemente– menos reconocida y entendida, sin embargo, el museo permite un recorrido que desde sus temáticas e inquietudes, descubre una identidad que Violeta supo plasmar a través de su obra.
Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.

La construcción del museo a cargo del arquitecto Cristián Undurraga, busca ser un estímulo para los sentidos, potenciando todas las dimensiones de la artista y exhibiéndolas creativamente. El museo acoge al público, bajo una condición de sístole y diástole del espacio, creando la impresión virtual de situarnos en la caja de resonancia de una guitarra, esto se obtiene por el notable uso de la materialidad, a través de representaciones curvas del trabajo en madera. Además, hay intenciones estéticamente logradas, como los pilares de hormigón simulando árboles que sostienen el edificio. Existe una articulación de los materiales bien designada, donde dialogan el hormigón a la vista, piedra, cristal curvo, madera y mimbre, consiguiendo un cálido resultado.

La fuerza creadora de esta artista no supo de demarcaciones, buscó expresarse de diversas formas con los materiales a los que podía acceder; tal como hizo en los sesenta cuando una enfermedad, por la cual tuvo que permanecer en cama durante varios meses, no la limitó en su búsqueda expresiva, desarrollando en este periodo sus arpilleras y pinturas. El resultado de esto fue una exhibición en la feria de Artes Plásticas en el Parque Forestal de Santiago, y finalmente en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre –hecho sin precedentes, ya que fue la primera exposición individual de una artista latinoamericana en ese lugar.
Para entender la elección de la técnica en el oficio del bordado en Violeta, es interesante descubrir que tanto el canto vernáculo como esta faceta, fueron heredados por una línea materna; tal y como en el mismo museo se asevera, Violeta se expresa a través de sus arpilleras, óleos y papel maché, denunciando las contradicciones del mundo moderno con una potente dimensión política, su trabajo es testimonial y recrea lo que acontece desde las revueltas sociales, hasta las fiestas populares.


Imagen cortesía del Museo Violeta Parra
La línea curatorial del museo está basada en dos dimensiones, una humana y otra divina. En la humana encontramos obras que patentan a Violeta en su contexto histórico, social y cultural, obras que connotan su experiencia de vida, por ejemplo, arpilleras donde interpreta cómo es el circo, o bien, el afiche bordado cuando expuso en el Louvre. De esta forma la artista muestra que no posee prejuicios que la circunscriban, siendo capaz de simplificar iconográficamente y dominar la gráfica de forma sutil. Por otra parte, en la dimensión divina de Violeta, la artista hace un rescate al mundo de las leyendas, además de realizar una crítica social correspondiente a su tiempo, específicamente con una obra que es contra la guerra y que es la imagen de la arpillera que se observa en un ventanal, desde la entrada del museo.

Por otro lado, la obra Cristo en bikini nos revela un humor ingenuo, su visión de lo religioso entremezclado con lo popular. Se traduce la expresividad con ímpetu tanto en el color como en el movimiento que logra por la inclinación de las puntadas. Lo visual se articula en una dimensión de sinestesia a lo sonoro, como si las iconografías dialogaran en perfecta armonía con lo musical; mientras que los movimientos de las puntadas en los bordados, dan una intención tan potente como la voz en sus canciones, todo esto nos conduce a la longitud de lo verdaderamente genuino.
La obra de Violeta conmueve, es fiel testimonio del arranque artístico nacido de la tierra, un impulso desde las raíces hacia lo alto del cielo de una artista que no conoció límites, que se movilizó desbordando fronteras de diversa naturaleza, una mujer emocional, sensible, multifacética y decidida. Su obra visual lo refleja, su música y expresión visual dialogan entre sí y con el público, las arpilleras son, según la propia Violeta “como canciones que se pintan”.

https://www.arteallimite.com/2015/12/museo-violeta-parra-su-legado-visual/

martes, 24 de noviembre de 2015

“Una suma de actualidades”: El grabado en Chile

A propósito de la exposición que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo, llamada Una suma de actualidades, encontramos el grabado en Chile no como una técnica secundaria frente a la pintura o escultura, sino como eje fundamental en la historia del arte chileno. La muestra completa comprende más de 200 obras provenientes de la colección del museo.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.
Imágenes cortesía del Museo de Arte Contemporáneo.



En un recorrido inédito de la memoria de las artes visuales en Chile y Latinoamérica, nos enfrentamos a una suma de obras que articulan diversos estilos artísticos y estéticos, en un trascurrir a través de la historia del país, que reflejan tanto aspectos sociales, políticos, como culturales.
Para adentrarnos en antecedentes de la historia académica del grabado en Chile, dos representantes del grupo Montparnasse, Luis Vargas Rosas y Camilo Mori, realizaron algunos trabajos en grabado el año 1917. Un año importante en la divulgación del conocimiento del grabado fue en 1927, cuando Julio Ortiz de Zárate regresó a Chile después de pasar un periodo estudiando en Europa, adquiriendo una instrucción importante de la técnica del grabado, por esta razón es invitado por la Universidad de Chile para realizar una cátedra en la Escuela de Bellas Artes.
Después de cursar estudios de arte en Francia, Marco A. Bontá regresó a Chile en 1931, y ese año fue nombrado profesor jefe del primer Taller de Grabado de la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, donde fue profesor durante tres décadas. En su taller se formaron los primeros artistas grabadores chilenos: Carlos Hermosilla, Francisco Parada, Pedro Lobos, y con posterioridad Julio Escámez, Viterbo Sepúlveda y Julio Palazuelos. Consecutivamente, en la época de los cuarenta, comienza a funcionar como tal, el taller de grabado de la Universidad de Chile.



Nemesio Antúnez después de su estadía en Europa y EE.UU., funda el Taller 99 en Santiago en 1956, inspirado en su experiencia en el Atelier 17 que dirigía Hayter en Nueva York. El proyecto Taller 99 se constituyó fuera de la academia y buscó desarrollar un tipo de obra con procesos de producción y distribución alternativos. El taller pretendía ofrecer la técnica del grabado a artistas ya formados, y que quisieran desarrollar nuevas ideas e imaginería con las posibilidades que esta práctica les otorgaba.
El éxito del taller hizo historia en el quehacer artístico chileno, elevando el rango del grabado a un nivel de primera línea en Sudamérica, según comentó otrora el propio Antúnez. De ahí surgió un trabajo colectivo de los participantes, que además se convirtió en amistad profunda. Algunos de los artistas que participaron del taller fueron Roser Bru, Dinora Doudtchitzky, Santos Chávez, Eduardo Vilches, Pedro Millar, Jaime Cruz, Luz Donoso y Delia del Carril. Fue la época más fecunda de esta disciplina, tal y como señaló Jaime Cruz en su libro La memoria del grabador.



En el año 1959, la Universidad Católica de Chile se convirtió en la sucesora del Taller 99. Sergio Larraín le ofreció a Nemesio Antúnez la dirección de la Escuela de Arte, junto a Mario Carreño, “dos nerudianos que serán paradójicamente elegidos para fundar un espacio de contrapeso al dominio de la izquierda liberado por Balmes en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile”, como argumenta Mellado en La novela chilena del grabado.

En los años sesenta, en Chile se genera una proliferación de obras de grabadores, lo que en forma recíproca se venía desarrollando en todo el continente. Bajo este contexto se llevan a cabo las Bienales Americanas de Grabado, entre los años 1963 a 1970, en los Museos de Arte Contemporáneo y de Bellas Artes de Santiago. El movimiento que se desarrolló aquí a nivel artístico resultó un medio de gran competencia y vigor para los intereses ideológicos, sociales y artísticos de la sociedad chilena del momento.
Un personaje fundamental en estas bienales, por su contribución en la gestión y organización, fue Nemesio Antúnez, que en ese momento era el director del MAC. Antúnez tenía un particular interés en este proyecto, ya que los artistas chilenos participantes eran o habían sido integrantes del taller de grabado que él había fundado.
Es así, como en la muestra Una suma de actualidades, específicamente en el nivel 2 del museo, encontramos las obras agrupadas de acuerdo a eventos históricos y contingencias establecidas, como lo fueron las Bienales Americanas de Grabado, los Salones de Estudiantes de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y las creaciones donadas por el Frente de Acción Popular (FRAP) a mediados de los años sesenta.

Conocer el arte chileno es reconocer nuestra historia, lo que se evidencia en los grabados de la época de los sesenta, donde el quehacer artístico estaba involucrado con la contingencia e ideales que ese periodo buscaba salvaguardar. También es interesante observar que, si bien el grabado ha sido jerarquizado en muchas oportunidades como el hermano menor de la pintura, fue durante los sesenta cuando proliferó y llegó a un nivel de primera línea en el medio artístico local.

https://www.arteallimite.com/2015/11/una-suma-de-actualidades-el-grabado-en-chile/

martes, 10 de noviembre de 2015

El caso Vivian Maier: ¿Niñera o artista?

Vivian Maier. La Fotógrafa Revelada se llama la muestra inaugurada recientemente bajo la curatoría de Anne Morin, que se presenta en el Centro Cultural de Las Condes y en el Espacio ArteAbierto de Fundación Itaú, hasta el 13 de diciembre. La exposición reúne 107 fotografías.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile


De madre francesa y padre austro-húngaro, Vivian Maier nació en New York el año 1926 y falleció en 2009. En 1956 se instaló en Chicago, donde trabajó como niñera por más de 40 años. Durante esos años llevó consigo una cámara colgada al cuello para fotografiar diversas imágenes de su entorno. Son fotografías que nunca mostró a nadie, incluso algunos rollos nunca fueron revelados.
El hallazgo se realizó el año 2007, cuando John Maloof subastó una caja de negativos por 380 dólares. Aquí comenzaba a rescatarse la vida de una fotógrafa anónima hasta entonces. Maloof, al descubrir las imágenes de la caja, buscó encontrar la identidad del autor y descubrir su historia.
Se comenzaba a revelar la artista detrás de las fotografías. Maier fotografió su entorno urbano cotidiano, en miles de rollos y negativos, llegando a juntar 100 mil negativos, además de 700 rollos en color y 2 mil en blanco y negro sin revelar, conjuntamente 150 películas en 8 y 16 mm.
Vivian Maier es un caso que para los historiadores y teóricos del arte es apasionante de analizar. Nos sumerge en cuestiones filosóficas y epistemológicas respecto al arte. En una sociedad moderna, donde los artistas son formados en escuelas de arte, a las cuales concurren para adquirir técnicas que les permitan expresar sus sensibilidades e inquietudes artísticas, una mujer sin esta formación, ni tampoco remota aproximación alguna al arte formal, despliega innatamente dichas habilidades técnicas y una refinada sensibilidad artística. Si nos adentramos en el rol del artista en la modernidad, lo que la sociedad espera de éste es que se sitúe como individuo, es decir, que sea un crítico de su entorno, que revele aquello que el sistema de mercado deja fuera, que mire desde otro lugar, que su obra desconcierte, remeza, rompa con el punto de vista habitual. Estos esencialismos del arte, Maier los producía de forma natural.
Sus fotografías son imágenes recortadas de su realidad circundante, como Susan Sontag señalara en sus estudios sobre la fotografía, “la manera moderna de mirar es ver fragmentos”. La obra de Maier ha sido comparada con la del célebre fotógrafo francés Henri Cartier Bresson, por sus tópicos espontáneos en entornos urbanos, además de la fotógrafa estadounidense Diane Arbus, por sus retratos descarnados y profundos. Sorprende cómo su obra pasa por composiciones de la calle en lo cotidiano, encuadres espontáneos y dinámicos, retratos donde los personajes posan para ella, autorretratos donde la composición se vuelve más compleja y estudiada, la hábil precisión de la fotógrafa para conjugar imágenes compuestas por diversos reflejos.
En la exposición también se encuentra la información que Maier dejó; existe una grabación donde señala el motivo por el cual realizó sus autorretratos, “para encontrar su sitio en el mundo”, sus imágenes eran una manera de dejar un vestigio de su existencia, “ella se sentía condenada por la sociedad a no tener identidad”.

Maier buscaba trascender a través de su obra, es probable que dejara esa caja de este gran legado con la remota esperanza de que alguien en algún futuro próximo la encontrara y revelara toda su existencia de fotógrafa, su yo auténtico, no la niñera, sino la artista. Heidegger lo señaló: “El artista es el origen de la obra. La obra es el origen del artista. Ninguno puede ser sin el otro”.