miércoles, 4 de mayo de 2016

Divina Travesía

Nacido en Santiago, Alfredo Echazarreta es pintor, grabador y escultor, estudió dibujo y pintura en la Escuela de Arte de la Universidad Católica de Santiago. Posteriormente entre 1966 y 1970 realizó sus estudios de Arquitectura en la Universidad Católica de Valparaíso.
En 1970 dejó Chile para viajar por Europa con largas permanencias en París, Londres, Amsterdam y Florencia; entre 1971 y 1972 se estableció en Nueva York, Estados Unidos, donde pintó y participó en exposiciones colectivas. En 1972 volvió a París, lugar donde instaló su primer taller donde permaneció por más de 35 años.
Su experiencia internacional lo ha llevado a realizar exposiciones individuales en Alemania, Francia, Japón y Chile y ha recibido encargos para espacios públicos y privados, entre otros, un mural en Amiens, un mural para el Salón “Cultura Latina” en el Grand Palais de París y la fachada del “Théàtre des Chimères” en Metz. También su talento ha sido reconocido en el extranjero recibiendo el premio que otorga la Fundación Taylor, una institución norteamericana que promueve el arte en todo el mundo.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.

Retomando los viajes en la pintura e inspirados directamente en los devenires de su  vida el artista Alfredo Echazarreta presenta este año en abril quince pinturas en gran formato que tienen como fuente de inspiración  el Dante en su Divina Comedia. “La conjunción de mis viajes en la pintura de la Divina Comedia y de las travesías de Valparaíso, me llevaron a imaginar esta “Divina Travesía”: Serie de pinturas que mantiene la estructura de las tres etapas: el infierno, el purgatorio, para llegar al cielo de la Ciudad imaginada, soñada y siempre esperada, la que tenemos todos en nuestro horizonte. Tres momentos, tres climas, tres colores en este viaje, donde el amor es el motor y fin último de todo viajero”, aclaró.
Alfredo en su regreso a Chile después de casi 40 años en Francia, ha producido un gran cambio en su obra predominando hoy la línea y simplificando el color; creando así una pintura más significativa y narrativa.

El talento de Alfredo Echazarreta lo ha llevado a realizar exposiciones individuales en diversos países como Alemania, Francia y Japón, asimismo ha realizado obras para espacios públicos y privados, como es el mural en Amiens, además el mural para el salón “Cultura Latina” en el Grand Palais de París, y la fachada del Théàtre des Chimères en Metz. Su obra ha sido reconocida en el extranjero, prueba de esto fue el premio otorgado por la fundación Taylor, institución norteamericana que fomenta el arte en todo el mundo.
La exposición Divina Travesía contempla diversas pinturas que tienen como fuente de inspiración el Dante en su Divina Comedia. Es el origen de nuestra cultura, de alguna forma el poema fundador, Dante otorgó las imágenes del cristianismo, imágenes arquetípicas. Pero la inspiración de Alfredo Echazarreta, tiene que ver con algo más personal, con sentirse interpretado por el viaje permanente, advertir su origen –una familia de emigrantes vascos–, observar diferentes etapas de su vida, y finalmente su vuelta a Chile, todo esto corroborando su travesía como permanente viajero.

El artista le dio vida a esta serie de obras pensando en tres etapas: el infierno, el purgatorio y el cielo de la ciudad imaginada. Echazarreta destaca estos tres momentos, que son tres climas, tres colores en este viaje, donde al amor es el motor y fin último de todo viajero.
Esta exposición ya fue exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia durante todo el verano reciente, de diciembre 2015 a marzo 2016. Fue allí donde Cristián Warnken se enfrentó a esta inspiración visual, que lo hizo escribir el texto para el catálogo de la exposición que se realizará en la galería Artespacio.

Son la composición, la mancha, la separación de la línea del color, los fondos planos propios de la modernidad, los que crean una atmósfera única y particular de las obras de esta muestra, se presenta la pintura con su eternidad, como nos señala Echazarreta: la pintura con su técnica es “aquello” que no pasa de moda. Otra característica interesante de mencionar es el texto de los títulos de las obras incorporados en las mismas imágenes, acentuando así la significación simbólica, como nos dice el artista: “le da otra dimensión a la obra, una poética que es dada gran parte por la palabra”.
Cristián Warnken, comenta en el texto de la muestra: “Echazarreta cerró los ojos y, más que ilustrar, soñó La Divina Comedia”. La invitación está abierta para soñar y embarcarse en una Divina Travesía.

jueves, 24 de marzo de 2016

Ojo Rojo | Nuevo Espacio de Arte

Ojo Rojo es un espacio de arte recientemente inaugurado. Se encuentra en el edificio Transoceánica, el proyecto fue gestionado por el artista y abogado Gonzalo Sánchez y el curador y cineasta Manuel Basoalto. La primera exposición, es una muestra colectiva de arte geométrico y cinético, donde es homenajeada la obra de Matilde Pérez.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.

Ojo Rojo no es estrictamente una galería, como nos señala Manuel Basoalto, el leitmotiv del proyecto es ser un agente importante en la difusión del arte como herramienta educativa, además de aportar un espacio expositivo para el arte contemporáneo.
Esta propuesta se encuentra en el edificio institucional de Transoceánica, emplazado en Avenida Santa María de Manquehue, comuna de Vitacura, y dialoga en perfecta armonía con los conceptos de sustentabilidad y eficiencia energética, que definen la génesis del inmueble recientemente galardonado.
El edificio Transoceánica, alberga las empresas de la familia de origen alemán Schiess, es una compañía de inversiones de capitales privados, su interés son inversiones, desarrollos inmobiliarios, hotelería y turismo, es fundamental para ellos hacer un aporte a la comunidad a través de inversiones en los sectores sociales y culturales, un destacado ejemplo es la creación del Teatro del lago, a orillas del Lago Llanquihue en Frutillar, X región, por eso no es de extrañar que en su centro operativo se haya incorporado un espacio para las artes visuales.

La primera muestra tiene como artista central a Matilde Pérez, la precursora en América latina del arte cinético, es una manera de homenajearla, recorriendo la huella que dejó en muchos artistas posteriores, es una muestra colectiva donde congenian varias generaciones dentro de la esfera de los movimientos de arte cinético y geométrico.
Además de Matilde Pérez, se puede apreciar en 100 metros cuadrados, obras de connotados artistas como: Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez y Julio Le Parc, entre otros. Es un paseo por casi cuarenta obras de artistas consagrados de diferentes generaciones, y algunos artistas jóvenes destacados emergentes, por ejemplo se puede apreciar las obras de Juan Carlos Correa y el Mono Lira, un artista premiado en Feria Ch.ACO 2015.
Otro aspecto significativo de esta primera muestra es el libro Conversaciones en el jardín, que en el marco de esta exposición, Manuel Basoalto presentó. Este libro es un importante aporte al conocimiento de la obra de Matilde Pérez, donde se resume los diálogos que sostuvo el autor con la artista, sobre su vida, técnica y pensamiento artístico. Una edición limitada, que ha sido bien recibida y apreciada por el público.

Luego de un ambicioso y óptimo inicio, la exposición por la cual se renovará la muestra, será por la obra del destacado artista chileno, Roberto Matta. Sin duda un estándar alto en el circuito del arte de nuestro país, pero no por eso alejado de todo tipo de público, Manuel Basoalto nos reitera las intenciones de que Ojo Rojo sea un espacio no solo expositivo, sino más bien educativo, contribuir así al desarrollo del pensamiento creativo. Para esto están focalizados en el rol social que este proyecto conlleva, se programa llevar el conocimiento tanto práctico como teórico del arte en forma transversal a la sociedad. Se llevarán a cabo diferentes talleres prácticos, además de conferencias teóricas, todos en forma gratuita, íntegramente para entregar un aporte al conocimiento del arte contemporáneo a nuestra sociedad. Se quiere llegar a diversos sectores de la sociedad; como estudiantes, adultos mayores y personas con discapacidades.

Tanto el artista y abogado Gonzalo Sánchez, como el curador y cineasta Manuel Basoalto, posee una vasta experiencia y expertiz en el arte, Basoalto conoce bien el circuito mundial y la gestión necesaria para realizar proyectos como este. Ojo Rojo comienza a ser parte del espacio de las artes visuales chilena, la muestra colectiva de arte geométrico y cinético, donde es homenajeada la obra de Matilde Pérez estará abierta al público hasta el mes de abril.

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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Museo Violeta Parra: Su legado visual

Una deuda nacional que finalmente se ha concretado. El Museo Violeta Parra alberga el patrimonio musical y visual de la gran folclorista chilena. Su legado como cantautora es indiscutiblemente valorado y reconocido; su obra como artista visual es –probablemente– menos reconocida y entendida, sin embargo, el museo permite un recorrido que desde sus temáticas e inquietudes, descubre una identidad que Violeta supo plasmar a través de su obra.
Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.

La construcción del museo a cargo del arquitecto Cristián Undurraga, busca ser un estímulo para los sentidos, potenciando todas las dimensiones de la artista y exhibiéndolas creativamente. El museo acoge al público, bajo una condición de sístole y diástole del espacio, creando la impresión virtual de situarnos en la caja de resonancia de una guitarra, esto se obtiene por el notable uso de la materialidad, a través de representaciones curvas del trabajo en madera. Además, hay intenciones estéticamente logradas, como los pilares de hormigón simulando árboles que sostienen el edificio. Existe una articulación de los materiales bien designada, donde dialogan el hormigón a la vista, piedra, cristal curvo, madera y mimbre, consiguiendo un cálido resultado.

La fuerza creadora de esta artista no supo de demarcaciones, buscó expresarse de diversas formas con los materiales a los que podía acceder; tal como hizo en los sesenta cuando una enfermedad, por la cual tuvo que permanecer en cama durante varios meses, no la limitó en su búsqueda expresiva, desarrollando en este periodo sus arpilleras y pinturas. El resultado de esto fue una exhibición en la feria de Artes Plásticas en el Parque Forestal de Santiago, y finalmente en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre –hecho sin precedentes, ya que fue la primera exposición individual de una artista latinoamericana en ese lugar.
Para entender la elección de la técnica en el oficio del bordado en Violeta, es interesante descubrir que tanto el canto vernáculo como esta faceta, fueron heredados por una línea materna; tal y como en el mismo museo se asevera, Violeta se expresa a través de sus arpilleras, óleos y papel maché, denunciando las contradicciones del mundo moderno con una potente dimensión política, su trabajo es testimonial y recrea lo que acontece desde las revueltas sociales, hasta las fiestas populares.


Imagen cortesía del Museo Violeta Parra
La línea curatorial del museo está basada en dos dimensiones, una humana y otra divina. En la humana encontramos obras que patentan a Violeta en su contexto histórico, social y cultural, obras que connotan su experiencia de vida, por ejemplo, arpilleras donde interpreta cómo es el circo, o bien, el afiche bordado cuando expuso en el Louvre. De esta forma la artista muestra que no posee prejuicios que la circunscriban, siendo capaz de simplificar iconográficamente y dominar la gráfica de forma sutil. Por otra parte, en la dimensión divina de Violeta, la artista hace un rescate al mundo de las leyendas, además de realizar una crítica social correspondiente a su tiempo, específicamente con una obra que es contra la guerra y que es la imagen de la arpillera que se observa en un ventanal, desde la entrada del museo.

Por otro lado, la obra Cristo en bikini nos revela un humor ingenuo, su visión de lo religioso entremezclado con lo popular. Se traduce la expresividad con ímpetu tanto en el color como en el movimiento que logra por la inclinación de las puntadas. Lo visual se articula en una dimensión de sinestesia a lo sonoro, como si las iconografías dialogaran en perfecta armonía con lo musical; mientras que los movimientos de las puntadas en los bordados, dan una intención tan potente como la voz en sus canciones, todo esto nos conduce a la longitud de lo verdaderamente genuino.
La obra de Violeta conmueve, es fiel testimonio del arranque artístico nacido de la tierra, un impulso desde las raíces hacia lo alto del cielo de una artista que no conoció límites, que se movilizó desbordando fronteras de diversa naturaleza, una mujer emocional, sensible, multifacética y decidida. Su obra visual lo refleja, su música y expresión visual dialogan entre sí y con el público, las arpilleras son, según la propia Violeta “como canciones que se pintan”.

https://www.arteallimite.com/2015/12/museo-violeta-parra-su-legado-visual/

martes, 24 de noviembre de 2015

“Una suma de actualidades”: El grabado en Chile

A propósito de la exposición que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo, llamada Una suma de actualidades, encontramos el grabado en Chile no como una técnica secundaria frente a la pintura o escultura, sino como eje fundamental en la historia del arte chileno. La muestra completa comprende más de 200 obras provenientes de la colección del museo.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.
Imágenes cortesía del Museo de Arte Contemporáneo.



En un recorrido inédito de la memoria de las artes visuales en Chile y Latinoamérica, nos enfrentamos a una suma de obras que articulan diversos estilos artísticos y estéticos, en un trascurrir a través de la historia del país, que reflejan tanto aspectos sociales, políticos, como culturales.
Para adentrarnos en antecedentes de la historia académica del grabado en Chile, dos representantes del grupo Montparnasse, Luis Vargas Rosas y Camilo Mori, realizaron algunos trabajos en grabado el año 1917. Un año importante en la divulgación del conocimiento del grabado fue en 1927, cuando Julio Ortiz de Zárate regresó a Chile después de pasar un periodo estudiando en Europa, adquiriendo una instrucción importante de la técnica del grabado, por esta razón es invitado por la Universidad de Chile para realizar una cátedra en la Escuela de Bellas Artes.
Después de cursar estudios de arte en Francia, Marco A. Bontá regresó a Chile en 1931, y ese año fue nombrado profesor jefe del primer Taller de Grabado de la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad de Chile, donde fue profesor durante tres décadas. En su taller se formaron los primeros artistas grabadores chilenos: Carlos Hermosilla, Francisco Parada, Pedro Lobos, y con posterioridad Julio Escámez, Viterbo Sepúlveda y Julio Palazuelos. Consecutivamente, en la época de los cuarenta, comienza a funcionar como tal, el taller de grabado de la Universidad de Chile.



Nemesio Antúnez después de su estadía en Europa y EE.UU., funda el Taller 99 en Santiago en 1956, inspirado en su experiencia en el Atelier 17 que dirigía Hayter en Nueva York. El proyecto Taller 99 se constituyó fuera de la academia y buscó desarrollar un tipo de obra con procesos de producción y distribución alternativos. El taller pretendía ofrecer la técnica del grabado a artistas ya formados, y que quisieran desarrollar nuevas ideas e imaginería con las posibilidades que esta práctica les otorgaba.
El éxito del taller hizo historia en el quehacer artístico chileno, elevando el rango del grabado a un nivel de primera línea en Sudamérica, según comentó otrora el propio Antúnez. De ahí surgió un trabajo colectivo de los participantes, que además se convirtió en amistad profunda. Algunos de los artistas que participaron del taller fueron Roser Bru, Dinora Doudtchitzky, Santos Chávez, Eduardo Vilches, Pedro Millar, Jaime Cruz, Luz Donoso y Delia del Carril. Fue la época más fecunda de esta disciplina, tal y como señaló Jaime Cruz en su libro La memoria del grabador.



En el año 1959, la Universidad Católica de Chile se convirtió en la sucesora del Taller 99. Sergio Larraín le ofreció a Nemesio Antúnez la dirección de la Escuela de Arte, junto a Mario Carreño, “dos nerudianos que serán paradójicamente elegidos para fundar un espacio de contrapeso al dominio de la izquierda liberado por Balmes en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile”, como argumenta Mellado en La novela chilena del grabado.

En los años sesenta, en Chile se genera una proliferación de obras de grabadores, lo que en forma recíproca se venía desarrollando en todo el continente. Bajo este contexto se llevan a cabo las Bienales Americanas de Grabado, entre los años 1963 a 1970, en los Museos de Arte Contemporáneo y de Bellas Artes de Santiago. El movimiento que se desarrolló aquí a nivel artístico resultó un medio de gran competencia y vigor para los intereses ideológicos, sociales y artísticos de la sociedad chilena del momento.
Un personaje fundamental en estas bienales, por su contribución en la gestión y organización, fue Nemesio Antúnez, que en ese momento era el director del MAC. Antúnez tenía un particular interés en este proyecto, ya que los artistas chilenos participantes eran o habían sido integrantes del taller de grabado que él había fundado.
Es así, como en la muestra Una suma de actualidades, específicamente en el nivel 2 del museo, encontramos las obras agrupadas de acuerdo a eventos históricos y contingencias establecidas, como lo fueron las Bienales Americanas de Grabado, los Salones de Estudiantes de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile y las creaciones donadas por el Frente de Acción Popular (FRAP) a mediados de los años sesenta.

Conocer el arte chileno es reconocer nuestra historia, lo que se evidencia en los grabados de la época de los sesenta, donde el quehacer artístico estaba involucrado con la contingencia e ideales que ese periodo buscaba salvaguardar. También es interesante observar que, si bien el grabado ha sido jerarquizado en muchas oportunidades como el hermano menor de la pintura, fue durante los sesenta cuando proliferó y llegó a un nivel de primera línea en el medio artístico local.

https://www.arteallimite.com/2015/11/una-suma-de-actualidades-el-grabado-en-chile/

martes, 10 de noviembre de 2015

El caso Vivian Maier: ¿Niñera o artista?

Vivian Maier. La Fotógrafa Revelada se llama la muestra inaugurada recientemente bajo la curatoría de Anne Morin, que se presenta en el Centro Cultural de Las Condes y en el Espacio ArteAbierto de Fundación Itaú, hasta el 13 de diciembre. La exposición reúne 107 fotografías.

Por Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile


De madre francesa y padre austro-húngaro, Vivian Maier nació en New York el año 1926 y falleció en 2009. En 1956 se instaló en Chicago, donde trabajó como niñera por más de 40 años. Durante esos años llevó consigo una cámara colgada al cuello para fotografiar diversas imágenes de su entorno. Son fotografías que nunca mostró a nadie, incluso algunos rollos nunca fueron revelados.
El hallazgo se realizó el año 2007, cuando John Maloof subastó una caja de negativos por 380 dólares. Aquí comenzaba a rescatarse la vida de una fotógrafa anónima hasta entonces. Maloof, al descubrir las imágenes de la caja, buscó encontrar la identidad del autor y descubrir su historia.
Se comenzaba a revelar la artista detrás de las fotografías. Maier fotografió su entorno urbano cotidiano, en miles de rollos y negativos, llegando a juntar 100 mil negativos, además de 700 rollos en color y 2 mil en blanco y negro sin revelar, conjuntamente 150 películas en 8 y 16 mm.
Vivian Maier es un caso que para los historiadores y teóricos del arte es apasionante de analizar. Nos sumerge en cuestiones filosóficas y epistemológicas respecto al arte. En una sociedad moderna, donde los artistas son formados en escuelas de arte, a las cuales concurren para adquirir técnicas que les permitan expresar sus sensibilidades e inquietudes artísticas, una mujer sin esta formación, ni tampoco remota aproximación alguna al arte formal, despliega innatamente dichas habilidades técnicas y una refinada sensibilidad artística. Si nos adentramos en el rol del artista en la modernidad, lo que la sociedad espera de éste es que se sitúe como individuo, es decir, que sea un crítico de su entorno, que revele aquello que el sistema de mercado deja fuera, que mire desde otro lugar, que su obra desconcierte, remeza, rompa con el punto de vista habitual. Estos esencialismos del arte, Maier los producía de forma natural.
Sus fotografías son imágenes recortadas de su realidad circundante, como Susan Sontag señalara en sus estudios sobre la fotografía, “la manera moderna de mirar es ver fragmentos”. La obra de Maier ha sido comparada con la del célebre fotógrafo francés Henri Cartier Bresson, por sus tópicos espontáneos en entornos urbanos, además de la fotógrafa estadounidense Diane Arbus, por sus retratos descarnados y profundos. Sorprende cómo su obra pasa por composiciones de la calle en lo cotidiano, encuadres espontáneos y dinámicos, retratos donde los personajes posan para ella, autorretratos donde la composición se vuelve más compleja y estudiada, la hábil precisión de la fotógrafa para conjugar imágenes compuestas por diversos reflejos.
En la exposición también se encuentra la información que Maier dejó; existe una grabación donde señala el motivo por el cual realizó sus autorretratos, “para encontrar su sitio en el mundo”, sus imágenes eran una manera de dejar un vestigio de su existencia, “ella se sentía condenada por la sociedad a no tener identidad”.

Maier buscaba trascender a través de su obra, es probable que dejara esa caja de este gran legado con la remota esperanza de que alguien en algún futuro próximo la encontrara y revelara toda su existencia de fotógrafa, su yo auténtico, no la niñera, sino la artista. Heidegger lo señaló: “El artista es el origen de la obra. La obra es el origen del artista. Ninguno puede ser sin el otro”.

Angélica Sáenz | El movimiento, expresión de la naturaleza

Las obras de la artista Angélica Sáenz juegan con las escenas cotidianas y la naturaleza, todas dentro de una atmósfera de movimiento, para mostrar un momento preciso capturado, previamente, con su cámara fotográfica.



Angélica Sáenz desde temprana edad vivió cercana al arte: su madre pintaba, quien estudió con el maestro de la pintura realista, Miguel Venegas Cifuentes. Angélica recuerda que cuando eran niñas, a ella y su hermana, su madre les preparaba una paleta con pinturas y les colocaba una cebolla de referente, para que así pintaran. Ambas, posteriormente, estudiarían arte.

Sus temas siempre son variados, aunque el foco es el mismo. Primeramente, en la Universidad, se inspiró en las bailarinas, admiraba la obra de Degas, y con esta motivación sacaba fotografías de las estudiantes de la escuela de Danza, lo que le permitió crear obras originales; tomaba negativos de cada instante del movimiento de una bailarina, ya que desde ese entonces quería expresar de forma particular el concepto de movimiento.

Además de sus estudios de Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad de Chile, Angélica realizó dos cursos de pintura realista en Estados Unidos. Uno dentro del centro de extensión de Harvard University, y otro en la escuela del Museo de Fine Arts de Boston. En esa época pintaban en una buhardilla y el profesor les enseñaba a un grupo heterogéneo de alumnos la técnica de la pintura realista, impresionista, además de puntillista. Durante ese periodo, copiaban obras de grandes maestros realistas que se encontraban en el mismo museo, este ejercicio le permitió aprender a perfeccionar su técnica al óleo, además de desarrollar la observación con mayor agudeza. Fue durante esta época que se inclinó definitivamente por una expresión pictórica realista.

“Quisiera plasmar en la obra un instante para siempre”

Respecto de sus temas, son escenas cotidianas y simples, y lo que le atrae es la naturaleza: desde variadas especies de pájaros de menor tamaño, hasta cóndores y águilas, además paisajes del mar con sus olas, reflejos y transparencias, también figuras humanas en ambientes naturales, todas estas figuraciones dentro de una atmósfera de movimiento, de vientos inasibles. Para esto, su gran aliada ha sido la fotografía ya que siempre está buscando qué elemento de la naturaleza puede aportarle como inspiración para sus obras. Con la cámara capta el instante que quiere transmitir en la pintura, luego lo plasma en su lenguaje pictórico que expresa con trazos sueltos y precisos. Sus colores son puros y limpios, paisajes luminosos, frescos, expansivos, con el movimiento particular de la naturaleza, que la artista logra expresar con sutileza y agilidad. Predomina el color azul en sus obras, como ella misma define: “El azul es atmósfera”.

“El águila da la sensación que está rompiendo el aire en el cielo”

Un referente para ella es el pintor impresionista español Joaquín Sorolla, de quien admira sus colores, su expresión y cómo este artista lograba expresar los cuerpos mojados y el movimiento. Angélica, ha recurrido a sus hijos para crear sus composiciones con figuras humanas: los capta de espalda para que representen una figura universal, un niño o una joven, y así el público pueda identificarse con ellos como imágenes genéricas. “Busco que mis cuadros aquieten el espíritu, ayudar al espectador a que se sienta en paz con lo que ve, creo ambientes tranquilos”, explica.

Si bien, hay un dinamismo en el vuelo de los pájaros, en el oleaje de las aguas, y del viento sobre la naturaleza, este movimiento particular que expresa la artista, es una creación ingrávida y delicada, tanto su paleta de matices, la maestría pictórica, como la elección compositiva, que nos invitan a adentrarnos en la contemplación de ambientes de quietud.
Por: Carola Arriagada. Teórica del arte / Chile.

martes, 8 de septiembre de 2015

Análisis corpus obras. Xilografías de Santos Chávez. Colección del Museo Nacional de Bellas Artes

Obra LOS ÁNGELES SE VAN AL CIELO del año 1963, participó en la Primera Bienal Americana de Grabado. Es una xilografía que se separa de las representaciones de Chávez respecto a la naturaleza y sus repertorios: telúricos, de la flora, la fauna, acuáticos y uranios, propios de la cosmogonía mapuche. Esta obra en su simbolismo, poseería una coherencia con lo que Cassirer definió respecto a la función significante del simbolismo, al referirse que sería el propio espíritu el que otorgaría ese sentido. Sin embargo, esa carga espiritual no estaría focalizada en la naturaleza y en la religión mapuche, sino en el imaginario de la religión cristiana, herencia de la evangelización de los españoles en nuestra región.

Chevalier[1] define a los ángeles como los seres intermediarios entre Dios y el mundo, estos han sido mencionados de diferentes maneras en variados textos como: acadios, ugaríticos, bíblicos y otros. Son seres puramente espirituales y etéreos, que solo pueden tomar de los hombres las apariencias, pero la característica diferenciadora con los seres humanos es que son seres alados. Las alas de los ángeles del cristianismo según los estudios de Chevalier son de configuración semejante a la de los cisnes.

Cirlot[2] señala que los ángeles aparecen en la iconografía artística desde el origen de la cultura, o más específicamente en el cuarto milenio antes de Jesucristo, y estas figuras solían ser confundidas con las deidades aladas. El arte gótico ha expresado ampliamente los aspectos de protección y sublimación de los ángeles, además del arte románico acentuando el carácter supraterrenal.

Las figuras de esta obra de Chávez, poseerían las alas de cisne como señalara Chevalier, es coherente cuando los referentes alados en nuestro territorio son provenientes de la cultura judeocristiana. Sin embargo, Santos nos presenta estos seres con rasgos faciales propios de su iconografía, rostros con fisonomía representativos de su etnia, aparentemente el artista quiso acentuar estos rasgos al crear una textura fina y regular que expresa el color de la piel propia de esta raza.

Según las referencias, Santos siempre buscó un lirismo para expresar de forma poética sus sentimientos y sensibilidades, la idea etérea de los ángeles, no posee representación equivalente dentro de la cosmogonía mapuche. Sobre el cielo con una textura ondulante, observamos dos seres alados con evidentes rasgos de su etnia, esta entidad de seres alados no se encuentra dentro de las hierofanías, sin embargo, la estampa posee la carga mitológica propia del artista y que podemos definir como expresión simbólica. Sólo Chávez podía representar esta mitología de sincretismo religioso en una xilografía de dos ángeles mapuche.

Carola Arriagada
Magíster en Teoría e Historia del Arte



[1] CHEVALIER, JEAN. 1986. Diccionario de los Símbolos. Versión castellana de MANUEL SILVAR y ARTURO RODRíGUEZ. de la obra de J. CHEVALIER y A. GHEERBRANT. Dictionnaire des symboles. Editorial Herder S.A. Barcelona.
[2] CIRLOT, JUAN EDUARDO. 1992. Diccionario de Símbolos. Editorial Labor S.A. Barcelona. España.